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Salir de la zona de confort no es siempre el mejor consejo

salir de tu zona de confort
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Por qué es mejor aprender a crecer desde la zona de confort

Por naturaleza, el ser humano siempre busca las condiciones que lo hacen sentir más cómodo, seguro y protegido. Desde lo más instintivo, como asegurar comida y techo, hasta las conductas más sofisticadas que tienen que ver con nuestra vida espiritual, intelectual y profesional. Digamos que nadie busca por placer situaciones de estrés, reto, confrontación o incomodidad.

Sin embargo, como pasa con el cuerpo cuando nos ejercitamos, si no aplicamos la suficiente fuerza y repeticiones -por incómodo que resulte- no crecemos los músculos, no quemamos grasa, no aumentamos resistencia.  Así pasa con nuestro desarrollo personal, intelectual y profesional. El que no se somete a situaciones que le reten, que le obliguen a pensar nuevas formas de hacer las cosas, a aprender nuevas ideas y a sacar fuerzas ocultas para salir adelante de adversidades, no logrará avanzar o crecer.

 

Hasta ahí todo claro. Por eso el consejo de salir de tu zona de confort tiene todo el sentido y mucha razón.

Sin embargo, la realidad muestra que hasta las recomendaciones más positivas tienen su parte negativa si no se aplican con criterio y medida. 

Aquí les comparto mi opinión, que no es sino eso, una apreciación personal. Tomarlo con pinzas.

 

Por qué salir de la zona de confort no es siempre el mejor consejo

 

Está claro que uno pelea con uñas y dientes para asegurar el bienestar para uno y los suyos. Sin embargo, el día que uno se siente tranquilo, con las condiciones necesarias cubiertas o incluso superadas, lo natural es evitar desgastarse innecesariamente. Es cuando nos estacionamos en la muy criticada (e incomprendida) zona de confort.

Salir de nuestra zona de confort implica la búsqueda permanente de situaciones que nos demandan esfuerzo. Lograr cosas y alcanzar metas que, aunque beneficien nuestro crecimiento como personas y profesionales, implican incomodidad, tensión y estrés.

Cambiar constantemente de trabajo por uno mejor, mudarse de casa, de país o de ciudad con frecuencia, correr maratones o deportes de alto rendimiento, meterse a un curso tras otro, estudiar otra carrera, etc. Todo eso nos puede generar muchos beneficios, pero también tienen un lado negativo.

Además, esa actitud prolongadamente puede generarnos una profunda frustración y culpabilidad, al sentir que estamos aflojando los esfuerzos o reduciendo el tamaño del reto. En consecuencia, nos saturamos y acabamos diciendo que sí a las cosas indiscriminadamente, sin una verdadera convicción detrás, buscando avanzar sin saber bien hacia dónde. El síndrome del hamster de la rueda.

 

Salir de la zona de confort y su lado negativo

Image by 1388843 from Pixabay

 

Cómo crecer ampliando tu zona de confort, no saliendo de ella

 

Uno no quiere ser mediocre y estacionarse en la autocomplacencia. Uno quiere crecer personal y profesionalmente, tener mejores trabajos o negocios más prósperos. Uno busca tener lo mejor y darle lo mejor a sus seres queridos. Y entonces, ¿cómo lograrlo y sacar un pie de la zona de confort sin sentirnos tan descobijados?

Contrario a lo que podría pensarse, sí se puede crecer y avanzar desde la zona de confort. Dicho de otro modo:

Suena muy bonito pero poco práctico, ¿verdad? Bueno, la realidad es que no hay recetas con pasos concretos, porque requiere un trabajo de conocimiento personal profundo. Es un compromiso a largo plazo que la gente tienda a olvidar pronto porque nadie viene a revisarte el avance. Luchar contra sí mismo sin caer exhausto y abandonar la batalla es un arte que hay que pulir día a día. 

Para explicar ésto, voy a recurrir a la teoría de Andy Molinsky, autor del libro “Reach: A New Strategy to Help You Step Outside Your Comfort Zone, Rise to the Challenge, and Build Confidence”. En una entrevista para la revista Fast Company, Molinsky dice que existen tres zonas:

  • Zona de confort .- La que todos conocemos. Donde estamos en situaciones familiares, conocidas y experimentando poca o nula tensión o ansiedad.
  • Zona de tensión.- En la que experimentamos cierto nivel de ansiedad, pero a un punto en que podemos convertirla en motivación y resultar un combustible para nuestra productividad.
  • Zona de pánico.- Donde sientes que pierdes el control de las cosas, te saturas y pierdes la capacidad de manejar las situaciones y avanzar.

 

Molinsky dice que el nivel óptimo es el de la zona de tensión, y estoy de acuerdo. Digamos que es la ilustración del concepto que dije antes sobre “ampliar las paredes de tu zona de confort”. Es decir, encontrar retos o acciones que nos lleven a crecer, pero dentro de las barreras donde podamos hacerlo de una forma segura y sin perder el control.

 

Mis 5 recomendaciones para ampliar las paredes de tu zona de confort son:

 

1.- Aprende tu nivel de tolerancia a la incomodidad

Uno debe ir aprendiendo a lo largo de situaciones personales y de trabajo cuál es nuestro nivel de tolerancia a la tensión. Cuando es lo suficiente para impulsarnos, mantenernos inquietos, pero sin caer en la ansiedad extrema y estrés descontrolado, esa es la frontera en la cual hay que intentar quedarse.

Uno debe saber reconocer qué tipo de situaciones le motivan, incitan, empujan y retan, y cuáles simplemente le agotan o le queman. A veces lo descubrimos por cuenta propia y a veces porque nos empujan.

 

2.- Descubre qué situaciones te inspiran y dónde encuentras respuestas

En los momentos en los que uno baja la guardia y se permite esos espacios de relajación, de dejar la mente libre, sin presiones, es cuando surgen muchas respuestas. No estés permanentemente en modo de guardia, defensa y esfuerzo, no podemos ser productivos todos los días, todas las horas.

Date esos espacios donde permitirás que te lleguen ideas y te des cuenta que situaciones favorecen a tu inspiración. Busca lo que te recarga y te motiva, y regresa a la zona de tensión.

 

3.- Prepárate y encuentra los tiempos correctos

El arriesgarse a situaciones nuevas y de riesgo calculado es positivo siempre y cuando tengamos preparación y encontremos los tiempos correctos. Nunca se puede estar listo al 100%, pero no salgas desarmado a la batalla.

En el campo uno corrige sobre la marcha, pero hay que ir con ciertas bases y provisiones.

 

4.- Encuentra la medida del “estira y afloje” sin romper la cuerda

Uno debe de retarse, de empujarse cada día un poco más allá del límite conocido y cómodo. Pero nuestro cuerpo y nuestra mente tienen altibajos y la resistencia y la eficacia no siempre son la misma, así que hay que aprender a jugar constantemente bajo el “estira y afloje” para que podamos ir y volver a la zona de tensión sin romper la cuerda.

 

5.- Resguárdate en tu zona de máxima seguridad cuando te haga falta

Y claro, el día que estiramos demasiado y rompimos la cuerda, no todo está perdido. Retírate a tu zona de confort más preciada, busca ese sitio (físico y emocional) donde estás protegido, seguro y tranquilo, y date tiempo para recuperarte. Pero no te tardes demasiado, porque hay que volver a salir a la zona de tensión.

 

crecimiento personal saliendo de la zona de confort

Photo by Porapak Apichodilok from Pexels

 

No podría entender mi vida sin nuevos retos, nuevos proyectos o planes ambiciosos. Con el paso de los años, he descubierto que lo que más me funciona es empujarme yo misma a esas situaciones, tanto en lo personal como en lo profesional. 

No me aburro ni me estanco, me presiono, siempre tratando de encontrar la medida. A veces soy conmigo misma como la maestra o la jefa que uno no quiere nunca tener. Otras soy la que se deja solapar y luego se arrepiente.

Lo veo como un camino de crecimiento personal. Aunque a veces necesitamos un empujón de fuera para ver nuestro potencial en algo, el desarrollo de cada quien acaba siendo siempre un trabajo por convicción propia.

 

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