¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?

 

El balance trabajo-vida es diferente para cada persona, la receta infalible es estar consciente de nuestras prioridades y no sacrificarlas.

 

Empleados, empresarios o profesionistas independientes, todos de una forma u otra forma trabajamos. El trabajo es un reflejo de lo que somos capaces de hacer en el mundo, en el más amplio sentido. Unos elegimos ser emprendedores o empresarios, e inventamos productos y servicios que resuelven necesidades o deseos de la gente. Otros, los empleados, preferimos trabajar en empresas ya hechas, donde colaboramos con nuestro trabajo para un sinfín de proyectos y servicios.

En todos los casos, estamos sujetos a ciertas demandas de tiempo y atención, las cuales nos pueden devorar si no nos ponemos límites claros para mantener una vida personal sana.

 

 

La gente que vive para trabajar…

  • Coloca las demandas de su trabajo hasta arriba de su lista de prioridades, aún sobre su vida personal (eventos familiares, tiempo con la pareja e hijos, citas médicas y demás proyectos personales, pasan siempre a último plano).
  • Argumenta que su trabajo es justamente lo que le da los ingresos para poder mantener el nivel de vida que tiene (aunque muchas veces no pueda ni tomar vacaciones).
  • Sacrifica períodos clave de su vida justificando que este trabajo de alta demanda es “temporal, para hacer un ahorro para el futuro” (ese futuro nunca llega).
  • Tiene miedo de buscar otro trabajo que le permita una vida más equilibrada, si eso lleva algún riesgo económico o de status.
  • Cuando está con familia o amigos, toma llamadas y responde textos o correos de trabajo, argumentando que no pueden esperar.

 

La gente que trabaja para vivir…

  • Tiene claras sus prioridades personales y marca las fronteras en su trabajo (suele haber cosas no negociables, pero la mayoría de las veces, la buena planeación nos pone en ventaja).
  • Es eficiente y optimiza los tiempos (saca el máximo provecho a las horas de trabajo y suspende no cuando “ya no hay nada que hacer” sino cuando hizo lo que tenía que hacer en el día).
  • Se desconecta del trabajo y disfruta su vida personal (sólo unas cuantas urgencias merecen interrupciones al tiempo con la familia, amigos, vacaciones, etc).
  • Entiende que el éxito no es sino el poder vivir como quiere y con quien quiere (más que un trabajo excesivamente demandante e igual de bien pagado, prefiere un trabajo bien remunerado que le permita la flexibilidad que necesita).
  • Tiene proyectos e intereses personales que desarrolla fuera de su trabajo (no sería justo limitar nuestra creatividad e intereses a los proyectos profesionales).

 


El trabajo consume gran parte de nuestras vidas. Encontrar o desarrollar un trabajo que sea compatible con la forma de vida que buscamos es el camino más corto para mantener la salud emocional.

 

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