Salir de la zona de confort ¿requisito para mejorar?

stone-carving-2409318_1920

El ser humano de forma natural busca las condiciones que lo hacen sentir bien, seguro, protegido. Desde los comportamientos más primarios e instintivos como asegurar el alimento, el abrigo y el bienestar, hasta las conductas más sofisticadas que tienen que ver con nuestra vida espiritual, intelectual y profesional. Pero, ¿es condición salir de la zona de confort para mejorar?, ¿cómo encontrar la medida?

Está claro que uno pelea con uñas y dientes para asegurar las condiciones básicas de bienestar para uno y los suyos, pero el día que uno se siente tranquilo, lo natural es evitar complicarse la vida y mantener esas condiciones estables lo más posible. Hasta ahí todo bien, pero esta lógica contradice lo que constantemente escuchamos por todos lados: salir de nuestra zona de confort es la única forma de avanzar y superarnos, acceder a nuevas oportunidades y crecer como personas.

Ante eso, uno piensa, si permanentemente estuviéramos en esa lucha contra corriente, ¿no sería una vida de stress poco agradable? Pues sí y no. Aquí comparto mi opinión, que no es sino eso, una apreciación personal.

 

El retarse en algún sentido y tratar de hacer al menos un cambio a una situación cómoda y estática, no algo de sentido común sino una cuestión que depende de las aspiraciones personales y profesionales que tenga cada quien. No hay camino correcto ni incorrecto. El estancarse no está tan mal si el “estancado” en cuestión es feliz así; si tiene salud, una vida familiar y social sana, un buen trabajo, etc. Tal vez ese es su punto de equilibro y no sería justo moverlo si no quiere. Puede sonar a mediocridad, pero todo es relativo. Tampoco quiere decir que algún día no vaya a sentir la necesidad de buscar algo más.

Otra persona con las mismas condiciones de estabilidad y bienestar, puede no ser tan feliz y tenga ganas de emprender otros retos y fijarse nuevas metas, aún a costa de poner su estabilidad en riesgo. Y tampoco está mal si de esos giros depende lo que esa persona entiende como crecimiento. Yo me considero de este segundo grupo.

 

No podría entender mi vida sin nuevos retos, nuevos proyectos o planes ambiciosos. Con el paso de los años, he descubierto que lo que más me funciona es empujarme yo misma a esas situaciones, tanto en lo personal como en lo profesional. No me aburro, me presiono; soy como la maestra más firme o la jefa más dura, pero conmigo misma. Nadie me revisa los cuadernos, y entrego los números y las cuentas al día, pero sudo la gota gorda detrás de bastidores, porque sólo yo sé lo que tengo en la lista de espera por hacer. Aunque a veces aflojo, porque nadie puede tirar de la cuerda permanentemente, y voy encontrando balance.

 

Salir de la zona de confort -por convicción propia o porque nos empujan terceros- siempre incomoda, pero suele resultarnos en algo positivo. Nos va a hacer crecer, adquirir nuevas habilidades, experiencia, confianza. Pero no siempre sale bien, no quiero vender el mensaje timador de que el exponernos, tomar riesgos y entrar en terrenos inciertos tenga siempre un resultado positivo, porque no es así. Es parte del riesgo.

Lo veo como un camino de crecimiento personal, algo que cada quien al final del día se va a llevar a la soledad de su almohada en la noche, y sabrá dónde está haciendo lo que le toca y dónde se está tomando el pelo a sí mismo. Afortunadamente todos los días tenemos oportunidad de hacer ese análisis.


 

×
¡Regístrate en IC Latino!
Recibe información, avisos y contenido interesante. (Tu email es privado, ¡no hacemos SPAM!)