Mi paso por la Universidad a 25 años de distancia

10 conclusiones que saco de esa gran experiencia

 

Hoy 10 de agosto, hace 25 años, entré a la Universidad. Estudié la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana (“La Ibero”), en la Ciudad de México. Veo esos días como pequeños videos, como historias fragmentadas o pantallazos, y lo siento tan lejano, pero a la vez tengo muy cerca las cosas, las ideas y, más importante, a la gente que esos días entró a mi vida.

Aprovechando el aniversario, hice esta lista de los 25 recuerdos, reflexiones y conclusiones que mejor representan y marcaron más mi paso por la Universidad. Seguramente te sentirás identificado con alguno de ellos.

 

1) La experiencia de la Universidad está lejos de lo que uno imaginó antes de entrar.

Generalmente entra uno sin expectativas muy claras, y la experiencia va tomando forma poco a poco. Como sucede con las cosas más determinantes de nuestra vida, el paso por la Universidad sigue al paso de los años revelándonos cosas.

 

2) En la Universidad hice amistades que me acompañarán por el resto de la vida.

Compartir todo tipo de aventuras, retos, metidas de pata, ilusiones, sinsabores, etc. crea las amistades para toda la vida. La distancia y el camino distinto que vamos tomando nos separa aparentemente, pero las verdaderas amistades se consolidan.

 

3) El título universitario no te asegura un trabajo.

Crudo para el recién egresado, pero es la realidad. Sin embargo, las conexiones, aptitudes y habilidades que uno hace durante esa época son las mejores herramientas para irse abriendo paso.

 

4) El mejor estudiante no es el que saca las mejores calificaciones.

No digo que el que reprueba es el rey, digo que hay gente que saca mucho más jugo a las clases sin importar tanto su calificación; que gente que saca las notas más altas y puede “pasar de noche”.

 

5) La inocencia, la edad y la ingenuidad nos hace sentir que podemos con todo.

La energía, adrenalina y “empuje salvaje” para hacer las cosas nos hace sentir invencibles. Todo lo encara uno con muchos huevos, punto. Cuando además, uno trabaja mientras estudia, no sé cómo alcanzan las horas del día (más las 2 horas de transporte, mínimo) para cumplir con todo. Pero se puede.

 

6) La parte académica que uno se lleva es tan rica o tan pobre como uno lo quiera.

A veces se trata simplemente de pasar las materias, y otras de tomar una clase que te rete, que te abra la mente, que te mueva de tu zona. Los recursos están, son del que los quiera tomar.

 

7) La Universidad no significa el final de la educación.

O al menos no debería, porque el que cree que el día que recibe el título ya aprendió todo lo que necesita, está muy equivocado. Si uno no toma en serio el compromiso de seguirse educando por diversos medios (desde la forma autodidacta hasta maestrías o doctorados), se queda muy, pero muy atrás.

 

8) La Universidad abre la mente y nos hace descubrir cosas de nosotros mismos que no conocíamos.

Un libro, una clase, una película, muchas cosas pueden detonar esos momentos de asombro, de ganas desmedidas de hacer tal o cual cosa, de conocer más sobre ciertos temas, etc. Nada más ilustrativo que decir que en la Universidad conocí el internet. En uno de los laboratorios de computación, un día -que sería como mi “cyber-bautizo”- conocí por primera vez lo que era navegar en un buscador (Lycos y Altavista), y que podía buscar lo que yo quisiera. No me pudo volar más la cabeza.

 

9) Uno se rasca con sus propias uñas.

Sí, hay solidaridad de compañeros, amistades en las clases, etc, pero cuando uno estudia la universidad, le queda claro que nadie va a arreglarle la vida. Ni ir a hablar con algún maestro para negociar una extensión de fecha, o ir a solicitar una beca, o irse a su casa en transporte público si un día se queda sin “ride”. Y hasta salir a conseguir trabajo para poder pagar sus estudios si hace falta.

 

10) A la vuelta de los años uno siempre piensa que le faltó sacar el mejor provecho.

Como siempre, es muy fácil ver atrás y juzgar dónde nos faltó ser más decisivos, valientes u organizados. Yo hubiera querido leer más libros de esa inmensa biblioteca, ser más abierta para conocer más gente de la que conocí, hacer relaciones más estrechas con algunos maestros, de quienes podría haber aprendido más. Pero ya pasó, y fue lo mejor que pudimos hacer.

 


Dos sobrinos míos ya acabaron la Universidad, y la tercera está cursándola, y los menores aún la tienen lejos. Veo todo tan distinto, pero tan similar a la vez en las cosas de fondo. Espero ellos en unos cuantos años puedan tener buenos recuerdos como estos míos.

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