Las 3 condiciones de un buen consejo

Las 3 condiciones de un buen consejo

 

Es difícil escapar a la tentación de dar un consejo, ya sea porque vemos algo que desde nuestro punto de vista se puede hacer mejor, o porque alguien nos lo solicita. Siempre estamos prestos para expresar nuestras sugerencias.

Por experiencia personal, estoy convencido que lo más sano es evitar ambas situaciones a toda costa. El consejo no pedido nunca es bien recibido y, por otro lado, cuando te piden un consejo, lo que están buscando es avalar un punto de vista ya formado; lo que esperan es una opinión y no un consejo.

 

¿Cuántas veces alguien ha hecho lo que le aconsejaste?

A la mayoría de las persona no les gusta ser cuestionadas, y mucho menos aceptar que están haciendo algo mal. Si damos un consejo sincero -así tiene que ser siempre- es más probable que nos alejemos de esa persona a que ella haga lo que le digamos.

Ahora, si nos sentimos obligados a darlo, es vital considerar que un bueno consejo tiene tres condiciones:

 

Las 3 condiciones de un buen consejo

 

1.- Es sincero

Un buen consejo te hace reflexionar, te coloca en una posición incómoda, te saca de tu zona de confort y te pone al descubierto información que no estabas considerando para resolver una situación. Si lo que buscas es que te digan que “vas bien y que sigas igual”, no busques consejos porque es una pérdida de tiempo para las dos partes.

 

2.- Es comprobable

Los buenos consejos llegan de quien se ha enfrentado a una situación similar y, sin importar el resultado que ellos tuvieron, su experiencia los califica para emitir un juicio o una recomendación.  Aunque el resultado no haya sido satisfactorio, los consejos pueden ser tan valiosos que si se hubiera alcanzado el objetivo buscado. En cambio, las sugerencias de quien nunca ha vivido algo similar son puras especulaciones que, lejos de aclarar el camino, lo pueden volver más confuso.

 

3.- Es concreto

Decirle a alguien que “le eche ganas” es ambiguo y no aporta nada. Si de verdad queremos ayudar a alguien, tenemos que indicarle de manera precisa el curso de acción sugerida para poner certeza en una situación de incertidumbre.

 

Aconsejar a una persona no es cosa fácil, hay que tomarlo con toda seriedad. El “si yo estuviera en tus zapatos” no existe, cuando te piden un consejo, si estás en los zapatos de la persona que lo pide, tienes que comprometerte, y con la información que tienes emitir recomendaciones.

Al igual que los libros, discos o películas, es imposible escoger el mejor consejo que podemos dar. Lo que es cierto es que un buen consejo no regaña, te hace sentir humano, descubre que te puedes equivocar, pero también que siempre puedes corregir.


 

Y como hace tiempo me aconsejaron: empezar y terminar el día con una actividad productiva y que me haga sentir bien. Los dejo por que los tenis para correr me esperan.

 

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