5 actitudes que te frenan en el trabajo

Autocrítica por delante, aprende a reconocer cuando caigas en alguno de estos baches

 

Cuando uno entra a un trabajo nuevo o empieza un negocio o proyecto nuevo, inicia con la mente fresca y los ánimos por el cielo. Es inevitable al paso de los meses o años estar volteando hacia atrás y pensar que hubiéramos hecho tal o cual cosa distinta. Puede ser que nuestros jefes, amigos o mentores nos hayan dado consejos valiosos, pero hasta que no experimenta uno las cosas en carne propia -y las analiza en retrospectiva- saca conclusiones y aprende lecciones valiosas.

 

A casi 22 años de haber recibido mi primer sueldo, me gusta voltear atrás con mirada crítica (considerando la edad de cada etapa y mi contexto) y encontrar cosas de las que aprender. No nada más sobre mí sino sobre la gente con la que me ha tocado trabajar en estos años. Más que errores de cosas concretas, son actitudes ante el trabajo, la gente y en general, ante la vida.

 

Hoy quiero rescatar estas 5 actitudes que considero que frenan el potencial, el avance y la proyección en cualquier tipo de trabajo o negocio. No importa si eres empleado, empresario o freelancer, todos caemos en estos baches y a veces es difícil darse cuenta. Nunca es tarde para saltar.

 

1.- “Aquí, así y ahora estoy bien”

Ya sé que está muy trillado esto de “sal de tu zona de confort”, pero no puede ser más cierto. El ser humano por naturaleza tiende a buscar las cosas, ambientes y prácticas que le requieran el menor esfuerzo, que no le conflictúen su sistema y que no lo hagan sentir en desventaja en ningún sentido. Así, casi sin darnos cuenta, vamos construyendo el día a día de nuestro trabajo bajo tareas y dinámicas que no nos incomoden. ¿Porqué voy a agendarme 10 llamadas con nuevos prospectos esta semana si ya tengo cubierta mi cuota del mes?, ¿para qué lanzar un nuevo producto si con los que tengo estoy cubierto?”, etc.

Desafortunadamente, el que no se empuja a sí mismo no avanza. Si no te quitas los flotadores, podrás seguir nadando toda tu vida, pero no podrás nadar tan lejos y tan rápido como cuando te los quitas.

 

2.- “No me podría dedicar a otra cosa”

Qué triste sería si sólo fuéramos buenos para una cosa. Claro que la vida a veces nos obliga a decidirnos cuando no estamos listos (como cuando elegimos carrera universitaria…¿quién a los 18 años sabe qué quiere hacer el resto de su vida?). Pero la vida también nos da muchas oportunidades para probar otros rumbos y ver que podemos ser buenos en otras cosas.

El día que salí de una empresa después de 7 años, decidí que quería buscar trabajo en otra industria, conocer otro tipo de gente, entender otras culturas corporativas…y gracias a eso pude probarme en otro par de trabajos que disfruté mucho en su momento. El horizonte lo marca uno mismo, qué mejor que trazar la línea lo más lejos posible.

 

3.- “Esto es así…porque siempre se ha hecho así”

Pensar que sólo hay una manera de hacer las cosas es la ruta más corta al estancamiento. En inglés hay un dicho que ilustra esto muy bien: “If it’s not broken, don’t fix it”. Y sí, siempre se piensa que para qué cambiar algo si así como está funciona (o medio funciona).  Esto aplica a un montón de vicios en las empresas y los negocios. La inercia y la costumbre eternizan los procesos y sistemas que un día alguien hizo, porque en ese momento fue lo que se pudo hacer. Y lo peor es que los empleados nuevos aplican esos mismos vicios sin cuestionar. ¿Quién dice que las cosas no se pueden mejorar?

 

4.- “Dinerito por delante”

Siempre habrá esos trabajos que están muy bien pagados, pero que no nos llenan a nivel profesional o que llevan una alta cuota de sacrificio personal. La gente suele decir: “me quedo aquí unos pocos años para hacer un buen ahorro, y luego me voy”. Tristemente ese día nunca llega. Un sueldo alto es el la barrera principal para que uno deje un trabajo por voluntad propia. La estabilidad económica de la familia, la presión del esposo(a), el miedo a empezar más abajo en otro lado… en fin, siempre va a haber motivos que justifiquen quedarse en un trabajo que nos retiene “a billetazos”.

 

5.- “Estoy haciendo lo que me gusta, no importa que no me paguen”

Este es el extremo del anterior. El que se ciega diciendo que está haciendo eso que siempre soñó aún a costa de no estar bien remunerado, es otro vicio (menos común, porque el que no come no sueña).  Todos tenemos pasiones a las que nos encantaría dedicarnos, pero sabemos que eso no es viable económicamente. Para eso existen los hobbies, uno se tiene que dar el espacio para desarrollarlos en tiempos personales. Pero para el terreno profesional no hay como un buen balance de una actividad que disfruto y que eso sea un negocio, no un hobbie caro.

Un negocio genera dinero por definición. Si tu trabajo te llena en buena parte (aún con una dosis de tareas que no disfrutas) y genera valor, entonces debes recibir una remuneración justa. Si no, búscate otro trabajo.

 

Dicen que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que en el propio. Y sí, muchas veces reconocemos estas actitudes primero en otros. Hay que volverse más auto crítico -nadie nos va a pedir cuentas, no pasa nada- y empujarnos cada día a enderezar la brújula hacia donde queremos caminar.

 

 

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